Hechas a mano en Italia. O mejor dicho, en Milán, la ciudad de la moda, los negocios y la tecnología. Sin embargo, Giulia Tamburini ha elegido crear joyas con un espíritu y una técnica antiguos que, paradójicamente, parecen contrastar con la velocidad de la ciudad, dominada por los negocios. Sus creaciones se realizan según las reglas de la artesanía, desde el diseño hasta la elaboración con herramientas tradicionales, y con el tiempo necesario. No es la única que sigue esta filosofía, pero es una de las pocas. Sobre todo, su trabajo se distingue del de las marcas que producen joyas idénticas, en fábricas idénticas.

El CV de la diseñadora indica que nació en Milán en 1984, se licenció en literatura moderna, pero en 2010 le atrapó la idea de convertirse en diseñadora-creadora de joyas. Dejó las luces de Milán para trasladarse a Florencia, donde aprendió las técnicas de elaboración en la Escuela de Artes Orfebres, especializándose también en grabado y engaste de metales. Después, puso en práctica las enseñanzas trabajando como orfebre en Anaconda Gioielli, una joyería milanesa bastante conocida.

En 2010, dio el salto con la creación de la marca Giulia Tamburini. Ahora, la diseñadora trabaja en un taller-laboratorio en Porta Venezia, una zona céntrica, donde las joyas se exponen con el marco de las ilustraciones creadas por Ettore Tripodi, artista que también es autor de una serie de postales de colores a juego con las joyas. Las postales-joya cuentan historias que añaden valor narrativo a collares, pulseras o anillos. Las joyas de Giulia Tamburini están hechas de oro de 9 quilates, o de plata y bronce. La diseñadora también utiliza gemas: diamantes de talla antigua (es decir, con menos facetas), o piedras semipreciosas como la turmalina, que ofrece una amplia variedad de colores.




