La nueva colección de la diseñadora francesa se inspira en las atmósferas, los paisajes y las mitologías nórdicas.
Tras recorrer gran parte del mundo, la viajera Lydia Courteille llegó a Tucson, Arizona, para adquirir un lote de ópalos dendríticos blancos. Estas piedras despertaron en ella el deseo de crear una colección de diamantes. La nueva colección Paraíso Blanco es, en resumen, un viaje a una atmósfera, a un lugar ideal: el Gran Norte. Pero es un lugar de fantasía, donde se fusionan el arte indígena, la flora y fauna árticas, las leyendas vikingas nórdicas y un toque de Juego de Tronos.

La colección tiene un matiz inspirado en los copos de nieve, con ópalos dendríticos blancos que evocan el frío, junto con piedras lunares azuladas que crean efectos que recuerdan a las auroras boreales, y diamantes que evocan cristales de hielo.
La colección incluye joyas como un tótem con una abertura que evoca el paso al Mundo Celestial para adquirir conocimiento, inspirado en el arte primitivo de los nativos americanos. Un colgante muestra la figura de un chamán con máscara de oso cantando a las estrellas, que para muchos pueblos siberianos simbolizan la creación del cosmos y la sociedad.

Por otro lado, las turmalinas bicolores evocan la lucha por la supervivencia, la batalla entre animales que se devoran entre sí, dejando rastros de sangre en la nieve de este mundo hostil. Mientras tanto, una ballena, cubierta de diamantes grises, surca el mar helado, representado por un ópalo australiano, rodeada de icebergs flotantes.


