La Maison busca reconstruir la vida y las emociones de sus propietarios a través de sus preciosas creaciones.
Se llama «Comparte Tus Recuerdos»: una iniciativa de Buccellati que invita a admiradores y clientes de toda la vida a compartir sus joyas y los recuerdos personales que atesoran. El objetivo es crear una narrativa colectiva que celebre la evolución del estilo y la artesanía Buccellati a lo largo de las generaciones. De esta manera, la selección de objetos, que incluye creaciones pertenecientes a familias nobles, actores y figuras influyentes, así como joyas de la familia Buccellati, se convierte en una historia sobre la evolución del estilo y la artesanía Buccellati.

Un ejemplo es la nueva entrevista con Tetsuko Kuroyanagi, personalidad televisiva, consultora del Fondo Mundial para la Naturaleza y embajadora de buena voluntad de UNICEF, quien a lo largo de los años ha sido considerada un ícono cultural japonés y una amiga de la Maison desde hace mucho tiempo. También es la presentadora de Tetsuko’s Room, el programa de entrevistas más longevo de Japón, que celebra su quincuagésimo aniversario este año. La conexión de Gianmaria Buccellati con Japón está profundamente arraigada en una larga historia, como lo demuestra la apertura del primer espacio comercial de la Maison en Tokio a principios de la década de 1970, en la tienda de lujo Wako. Kuroyanagi, fiel clienta y embajadora de la elegancia, ha honrado y promocionado con frecuencia las creaciones de Buccellati luciéndolas. Hoy, Maria Cristina Buccellati, junto con Kuroyanagi, reconstruye la historia de esta extraordinaria afinidad.

Entre las joyas únicas de la celebridad japonesa, destacan el icónico broche Cardo en oro amarillo, los anillos de eternidad Tulle en oro blanco y diamantes, obras maestras elaboradas con la reconocida técnica de calado, y un encargo especial encargado especialmente para ella en la boutique de Roma. La historia de Kuroyanagi es un ejemplo del proyecto Share Your Memories, que vincula las creaciones de Buccellati con la vida de sus propietarios: no sólo simples adornos, sino testimonios como el de Tetsuko Kuroyanagi.

